En una entrevista presencial, el reclutador te ve entero: cómo entras, cómo te sientas, cómo te mueves. En una entrevista virtual solo ve un recuadro de hombros para arriba, así que cada señal cuenta el doble. Tu postura es lo primero que comunica —antes de que digas una palabra— si llegas con seguridad o con nervios.
La buena noticia: la postura por cámara se controla con unos pocos ajustes concretos. No necesitas «tener presencia»; necesitas sentarte bien, encuadrarte bien y mantenerlo durante toda la llamada.
Primero el encuadre: la cámara manda
Antes de pensar en tu espalda, arregla la cámara, porque una buena postura mal encuadrada se ve mal igual.
- Cámara a la altura de los ojos. Sube el portátil con unos libros o usa un soporte. Si la cámara te mira desde abajo, proyectas papada y superioridad; desde arriba, sumisión. A la altura de los ojos se ve natural.
- Encuadre de cabeza y hombros. Deja un dedo de aire sobre tu cabeza y que se vean los hombros. Ni pegado a la lente ni perdido al fondo de la habitación.
- A un brazo de distancia. Demasiado cerca intimida y exagera cada gesto; demasiado lejos te desconecta.
La postura base: cómo sentarte
Una vez encuadrado, la postura que lee como «seguro y atento» es sencilla:
- Apoya la espalda en el respaldo y los pies en el suelo. Sentarte en el borde de la silla te delata nervioso.
- Hombros atrás y abajo, pecho abierto. El error número uno por cámara es encorvarse hacia la pantalla; con el pecho cerrado te ves pequeño y cansado.
- Una ligera inclinación hacia adelante cuando escuchas o respondes algo importante. Comunica interés sin invadir.
- Cabeza erguida, mentón paralelo al suelo. Ni apuntando hacia arriba (arrogante) ni hundido en el pecho (inseguro).
Manos y gestos: que se vean
En cámara, las manos suelen quedar fuera del encuadre y eso te vuelve rígido. Súbelas: gesticular de forma natural a la altura del pecho refuerza lo que dices y descarga tensión. Lo que sí conviene evitar: tocarte la cara o el pelo, jugar con un bolígrafo, o mover la pierna (el típico balanceo de la silla giratoria, que la cámara amplifica).
Contacto visual: mira a la cámara, no a la pantalla
Este es el más contraintuitivo. Tu instinto es mirar los ojos del entrevistador en la pantalla, pero entonces, para él, estás mirando hacia abajo. Para que perciba contacto visual tienes que mirar al punto de la cámara. Truco: arrastra la ventana de la videollamada justo debajo de la webcam para acortar la distancia entre ambos.
El error que nadie corrige: el desgaste
Casi todo el mundo empieza bien y se desploma a los diez minutos: los hombros caen, la cabeza se acerca a la pantalla, la mirada baja a las notas. La postura no es una foto, es algo que sostienes. Un par de recordatorios físicos ayudan: un post-it en el borde de la pantalla, o reajustarte cada vez que te hacen una pregunta nueva.
Cómo ver tu propia postura (porque no te das cuenta)
El problema de la postura es que no la sientes mientras hablas. La única forma de corregirla es verte. Grábate respondiendo un par de preguntas y míralo sin sonido: ¿te encorvas?, ¿miras a la cámara?, ¿aparecen tus manos? La práctica de entrevistas con IA te graba mientras respondes, y su análisis de lenguaje corporal evalúa cinco dimensiones —postura, contacto visual, expresiones, gestos y energía— y te muestra el fotograma exacto donde se te cayó la postura, con una recomendación concreta.
Ajusta cámara y silla, haz un simulacro y míralo. Con la postura resuelta, te queda toda la energía para lo que de verdad importa: tus respuestas.